4 coches fuimos detrás de uno de los autobuses hasta Lariño, donde los voluntarios nos vestimos. Allí había gente del pueblo repartiendo buzos buenos. Devolvimos los que nos dió el ejercito y cogimos los de plástico impermeable. Ana tuvo que ponerse botas de su talla usadas que nos encontramos (manchadas de fuel).

Allí no estaba el ejercito. Éramos más de 100 voluntarios. La organización entre nosotros era bastante buena. Había una cadena de voluntarios desde las rocas hasta los improvisados contenedores de plástico moviendo cubos y mas cubos de crudo. Estuvimos un rato en la cadena, pero preferimos estar mucho más tiempo entre las rocas recogiendo el petróleo a paladas y con las manos.

 

La sensación que nos daba era que eso no lo íbamos a quitar en la vida. Era increíble ver tanto fuel pegado en las rocas y formando charcos donde se nos hundían los pies.

El olor atravesaba la mascarilla y daba sensación de asfixia.

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En esos momentos piensas qué cangrejo ha podido sobrevivir.

Piensas en la catástrofe tan grande que ha provocado el petrolero hundido.

Piensas, hasta cuando durará el desastre.

...piensas en los que lo viven día a día...

Después de la jornada de trabajo, cogimos unas bolsas con alimentos y bebida que había para los voluntarios, todo esto proporcionado por los habitantes del pueblo. Hablando con ellos se muestran muy agradecidos con nuestra colaboración y ya no cuentan con las ayudas del gobierno, parece que lo tienen asumido. Ya era tarde y era hora de marcharnos, porque otro largo viaje de vuelta nos esperaba. Nos vamos orgullosos de haber colaborado, habiendo visto cómo la cantidad de fuel entre las rocas disminuía, pero a la vez pensábamos que sólo somos un grano de arena en la inmensidad de la catástrofe.

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